“Dar continuidad”

“Dar continuidad” es un concepto muy utilizado en los deportes de equipo en los que hay un marcado carácter de ataque y defensa.

Ante defensas rocosas, cerradas y compactas, el equipo que ataca debe lograr que la defensa rival no pare su juego de forma constante. Mover la pelota de lado a lado del campo, llevar a cabo cambios de orientación, hacer participar a todos los jugadores, … en definitiva, exigir al máximo a la defensa contraria hasta que esta muestre una fisura y se consiga romper la línea.

Es algo vital en el rugby o balonmano, pero también en waterpolo, baloncesto, incluso fútbol.

 

En la empresa también es crítico “dar continuidad”. Vemos su sentido.

 

Es muy habitual, sobre todo a principio de año, poner en marcha múltiples acciones en los distintos ámbitos de la empresa.

Cambiamos responsabilidades de personas, modificamos procedimientos, generamos reuniones periódicas, definimos nuevos indicadores, creamos grupos de trabajo, lanzamos nuevos proyectos de mejora, …

Pero ¿ qué sucede habitualmente con el paso de las semanas? … que dejamos de “empujar”.

No mantenemos el apoyo a las personas que han asumido nuevos roles, perdemos de vista los nuevos procedimientos y no sabemos si realmente están logrando los objetivos perseguidos, algunas de las reuniones periódicas se dejan de celebrar o se va alargando su convocatoria, dejamos de prestar atención a los nuevos indicadores generados y probablemente  algunos de los nuevos proyectos se han quedado en buenas intenciones.

 

Los peligros de esta situación son múltiples:

  • No consolidamos cambios de personas y procesos y podemos encontrarnos con que el resultado de los mismos es el contrario al deseado.

Hemos perdido a una buena persona en su puesto anterior y no logramos que aporte en el nuevo.

Hemos cambiado un procedimiento que era mejorable y hemos implantado uno que, no ha sido entendido, tenía lagunas y está generando más problemas que beneficios.

  • Lanzamos un mensaje negativo a la organización.

Nos comprometemos a una agenda que no se cumple o impulsamos proyectos que luego abandonamos sin más explicación.

  • Damos por erróneas decisiones tomadas, cuando realmente no las hemos llevado a cabo con los recursos y el tiempo necesario y por ello han fracasado.
  • Hasta llegaremos a pensar que hemos hecho cosas de las que sólo hablamos o sólo dimos los primeros pasos.

 

Es ahí donde entra el mismo concepto que en el deporte: debemos “dar continuidad”

En este caso, las defensas somos nosotros mismos; nuestras rutinas, nuestro día a día, nuestro “siempre se ha hecho así”, nuestro “ya se le pasará”, ese “no te preocupes, en unos día se les olvida”.

 

Asegurémonos de poner en marcha aquellos proyectos que cumplan estas 3 condiciones:

  1. Estamos convencidos de que son realmente importantes.
  2. Tenemos los recursos suficientes para ponerlos en marcha de forma satisfactoria.
  3. Tenemos la convicción necesaria para darles la continuidad que exigen y llevarlos hasta el final.

Si no podemos asegurar estos tres factores, mejor dejarlo para otro momento.

No confundamos al equipo.

No nos sobrecarguemos de proyectos, decisiones, cambios.

No abandonemos a su suerte a personas, comisiones, líderes de proyecto…

No “quememos” ideas que pueden ser buenas, integrándolas en proyectos que no vamos a perseguir.

 

No es fácil. Nadie dijo que tuviera que serlo.

Emilio J. Díaz

 

 

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